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lunes, 18 de febrero de 2019

El neocolonialismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


El neocolonialismo como hemos venido explicando durante todo el documento tiene una explicación muy plausible:

«La Segunda Guerra Mundial produjo un cambio radical en la correlación de fuerzas en el mundo. Condujo a la destrucción de las grandes potencias fascistas, pero también estremeció los fundamentos y debilitó considerablemente a las viejas potencias colonialistas. La guerra antifascista planteó en todas partes, incluso en los países que no se habían visto envueltos en su torbellino, el problema de la liberación nacional. Los pueblos de las antiguas colonias que, conjuntamente con los países de la coalición antifascista, habían participado en la guerra para sacudirse el yugo fascista, ya no podían dar pasos atrás y soportar por más tiempo el yugo colonial (...) Obligados por la situación, muchos países colonialistas comprendieron que las viejas formas de explotación y administración de las colonias eran anacrónicas, sin concederles la más mínima libertad e independencia. Las potencias imperialistas, colonialistas, no llegaron a esta conclusión movidas por sus sentimientos democráticos y por su deseo de conceder la libertad a los pueblos, sino presionadas por los pueblos colonizados y a causa de su debilidad militar, económica, política e ideológica, que no les permitía conservar el viejo colonialismo. Pero, el imperialismo francés, inglés, italiano, estadounidense, etc., no quería renunciar a la explotación de esos pueblos y países. Cada potencia imperialista se vio obligada por las circunstancias creadas a conceder la autonomía a estos pueblos o prometerles la libertad y la independencia después de un cierto plazo. Este plazo, que fijaron supuestamente para permitirles tomar conciencia de su capacidad de gobernarse por sí mismos y formar a este fin los cuadros locales, tendía de hecho a preparar nuevas formas de explotación imperialistas, el nuevo colonialismo, dando a los países y a los pueblos la falsa impresión de que habían conquistado la libertad. (…) Muchos pueblos ex coloniales, a pesar de haber obtenido esta «independencia» y esta «libertad», tal como se las habían dado las antiguas potencias colonialistas, tuvieron que empuñar las armas porque los imperialistas no estaban dispuestos a conceder de inmediato esa «libertad» y esa «independencia». Particularmente los imperialistas franceses pretendían conservar también después de la guerra la fuerza o la «grandeza» de Francia. Así fue cómo los pueblos de Argelia, Vietnam y muchos otros dieron inicio a una prolongada lucha de liberación y, por último, lograron liberarse». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

Queda de sobra demostrado históricamente que una revolución anticolonial es un acto progresista, eso es indudable, pero hay que dejar claro que aunque ello sea per se un acto antiimperialista, no siempre el nuevo Estado resultante llega a consolidarse como tal si no es dirigido por el proletariado y su partido:

jueves, 7 de febrero de 2019

Shuterland: otro ejemplo del rol que cumplen los «ideólogos» intelectuales burgueses en las organizaciones revisionistas

Jean-Paul Sartre

«Doy conferencias gratuitas o pagadas en mil sitios, eso no hace que sea mentor o jefe ideológico de nadie. (...) No tengo la culpa de haber sido referente puntual, en algunos tópicos económicos técnicos, del PCV. (...) Si me invita el PCV, el PSUV o cualquier partido, organización, ONG o grupo que se crea progresista, con todo gusto voy a hacer el conversatorio, sin ánimos de adoctrinar o ideologizar, puedo estar equivocado en mis ideas, así que respeto la de los demás, aunque manifieste mi desacuerdo. Buscar puntos de coincidencia para articular esfuerzos o intercambiar pareceres no me parece una traición, creo que es necesario para avanzar». (Manuel Sutherland; Declaraciones, 16 de enero de 2017)

Efectivamente Manuel Sutherland aparece en todos los medios de comunicación de los distintos partidos revisionistas del mundo, así como en medios de comunicación de una «no ideología oficial» pero altamente eclécticos y que no pueden dejar de estar influenciados por el revisionismo, recordemos que el eclecticismo es el hábitat habitual del revisionismo, a veces su principal hogar. Así, los escritos de Sutherland pueden verse en no pocos medios ultraeclécticos; son recomendados y publicados por los medios del revisionista Partido Comunista de España (PCE); él mismo reconoce orgulloso haber sido entrevistado por el canal chino CCTV y por el Instituto de Economistas «Marxistas» en China; de haber ido a dar conferencias a los trotskizantes de Marea Socialista (MS); en un breve resumen: Shuterland aparece en una lista interminables de medios y colectivos que son famosos por su antimarxismo abierto o latente, sobre todo entre aquellos que apoyan abiertamente al chavismo o que se cubren de un presunto «apoyo crítico». En especial es muy conocida la conexión de Sutherland con el Partido Comunista de Venezuela (PCV), de hecho el propio Shuterland militó en la juventud del PCV, y pese a su salida no ha impedido el contacto regular entre él y la organización. Pero no solo ha tenido nexos con el PCV, sino también con el amo de este: el Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), llegando a ser anunciado con fervor junto a otros intelectuales revisionistas como el bochornoso prochino José Antonio Egido. Tanto PCV como PSUV sacaban pecho de su presencia con motivo de las conferencias organizadas en las que ha participado como ponente. Por ejemplo en el XIIº Congreso de la Juventud Comunista del PCV y dando entrevistas a la Tribuna Popular –medio de expresión del PCV–, a la vez que como hemos dicho ha dado conferencias para el PSUV, aparece en los medios afines al chavismo como Aporrea lo que deja entrever  el profundo eclecticismo-fraccionalismo que padece tanto él como sus valedores: el PCV y el PSUV.

Aún así, Sutherland no quiere que le relacionen con ningún partido, ha dicho en varias ocasiones que él «no adoctrina a nadie», y que «no es ideólogo de nadie», para ello ha utilizado diversas excusas.

Desmontaremos estos sofismas.

a) Los «formadores ideológicos» de un partido no tienen porqué ser miembros permanentes del mismo. Es más en el caso de las organizaciones revisionistas pueden ser teóricos del partido o de fuera de él. El existencialista Jean-Paul Sartre es el ejemplo histórico de un intelectual «heterodoxo» que lo mismo estaba en la «órbita» del Partido Comunista Francés (PCF), que en sus filas, que fuera criticándolo, y eso no evitaba que pasado un tiempo volviera a recorrer el mismo ciclo. Otro ejemplo más actual serían los trotskistas de todo el mundo como Alan Wood que van a Cuba a dar sus discursos, publicar libros, etc. Precisamente ese orgullo de «heterodoxia» es una característica del trotskismo y el maoísmo, el negar unos principios ideológicos claros y demarcatorios, otro por supuesto es negar el leninismo, Sutherland curiosamente coincide con ambos, así como en otros conceptos que ya hemos visto. Organizaciones como el Partido Comunista de Venezuela (PCV) se valen de Sutherland –lo quiera éste o no– por sus características eclécticas, necesita gente como él para combatir al leninismo, que es lo que llevan haciendo desde los años 40, cuando introdujo la «heterodoxia» a través de las tesis de Browder. Les viene como anillo al dedo, sino no habría hecho tantos artículos, entrevistas, conferencias, y charlas para el PCV, o no habría tantas entradas en la web del todavía carrillista PCE recomendando sus trabajos. No estamos diciendo que Shuterland sea «el único y exclusivo ideólogo del PCV, no, solo es uno más, o mejor dicho una figura más que usan para justificar su línea «heterodoxa» como Sutherland la llama, nosotros la llamamos simplemente ideología antimarxista, revisionista.

¿Son por ejemplo «formadores ideológicos» del Partido Comunista de Cuba (PCC) los trotskistas del exterior que vienen a su isla? Sí, los revisionistas cubanos los usan para dar una visión que coincide –más allá de alguna pequeñez– con la línea del partido. ¿Por qué los revisionistas cubanos usan a estas figuras? ¿No tienen «formadores ideológicos» propios? Sí, los tienen, mucho más siendo un partido que está en el gobierno y tiene fondos y medios para ello, por tener, tienen hasta cuadros abiertamente trotskistas como Ariel Dacal y Francisco Brown. Pero recurren a otros trotskistas y filotrotskistas de fuera del partido y de fuera de la isla como Eduardo Galeano, Santiago Alba Rico, Marta Harnecker, Néstor Kohan, Atilio Borón, Ignacio Ramont, Celia Hart, etc., por la notoriedad de esas figuras, el partido prefiere que sean estas figuras las que estén en sus charlas, conferencias, las que salgan en sus entrevistas y a los que financiar sus libros; personajes que no son militantes del Partido Comunista Cuba (PCC), pero forman –se quiera o no– a sus militantes, a sus juventudes, adoctrinan a las masas trabajadoras cubanas en general.

¿No son los mismos Néstor Kohan, Eduardo Galiano, Atilio Borón un reclamo a veces común a veces ocasional para partidos ultraeclécticos y ultraoportunistas como el PCCE y PCA en Argentina o el PCE y PCOE en España? Entonces queda claro, que un partido de este tipo, sabe bien a quién se acerca, porqué los invita a dar charlas y porqué difunde sus obras, luego lo que digan y juren es secundario, incluso aunque algunos se las den de «antitrotskistas» cuando toca.

¿Es posible que un colectivo –de la ideología que sea– invitase a un ideólogo conocido por ser opositor de la línea general del colectivo? ¿Lo invitaría si fuese realmente un marxista-leninista y por tanto fuese a criticar la política revisionista de este colectivo –sea un partido, sindicato, centro de estudio, o lo que fuese–? No. ¿En caso de ser un partido, invitaría a un ideólogo para hablarle a sus juventudes –el sector más proclive a tener vacilaciones a causa de un más que posible bajo nivel de formación ideológica–? Obviamente no. Nadie «va a tirar piedras contra su propio tejado» de forma tan torpe. Al revés, los revisionistas usan conscientemente a los intelectuales de dentro o fuera del partido que saben que van a persuadir a la juventud, a la militancia y a las masas trabajadoras en general con un discurso que en lo fundamental coincide con la línea del partido. La elección de Manuel Sutherland y su trabajo en las juventudes del PCV no es casual, la elección del gobierno cubano de los intelectuales trotskizantes que pululan por La Habana tampoco lo es. De igual modo que una televisión o un grupo de intelectuales financiados por el gobierno socialimperialista chino no iba a permitir una entrevista y difundirla si Manuel Sutherland fuese un enemigo conocido del gobierno chino. Es en el mismo sentido que todos los gobiernos dan invisibilidad a sus críticos reales y un protagonismo evidente a sus aduladores y los que se encuentran a medio camino. Otro ejemplo es que si Manuel Sutherland fuese un opositor real de las políticas del PCV criticaría sin piedad a sus líderes y sus teorías cada vez que tiene la oportunidad y jamás ha hecho eso en sus intervenciones, siempre ha pasado en silencio, ha sido conciliador, o en su defecto ha desarrollado una crítica blanda. Del mismo modo, su Centro de Investigación y Formación Obrera (CIFO) recomiendan la web del PCV, por lo que como él mismo reconoce hay una amistad y no una enemistad ideológica entre ambos colectivos.

b) Manuel Sutherland dice que «no pretende adoctrinar» en sus diversas intervenciones, que él «solo da su opinión». Esta es la excusa de las personas que hablan inocentemente y creen que sus discursos son neutrales, que no llevan sello de clase, que se pude «hablar por hablar», y lo triste es que lo dice alguien que se reclama así mismo como «marxista». Esto tiene tanto sentido como cuando en la época de Marx y Engels los científicos decían que no había rastro alguno de filosofía en ellos, cuando la realidad material, el condicionamiento de ella, hace que todos tengamos una filosofía, lo que ocurre es que la mayoría no salen de una cosmovisión idealista y metafísica de los procesos de la naturaleza y de las relaciones sociales, pero es necio decir que no tenemos filosofía, ideas, y que no las reproducimos en cuando trabajo, en nuestro tiempo libre, o donde toque.

Sutherland realiza una función de adoctrinamiento de nociones y tesis revisionistas cuando en aquellas ocasiones debido a sus concepciones económicas intenta hacer creer al público –y a veces lo logra por las razones que sea–, que la exportación de capitales no es «algo tan malo», que no existe el proceso de monopolización, que las relaciones económicas entre Rusia y Venezuela son «relaciones normales entre Estados», y hasta benignas, o cuando nos intenta convencer de que China no es una potencia socialimperialista porque no es «agresiva». Así que por mucho que Sutherland finja hipócritamente «neutralidad» en su opinión, sus tesis económicas revisionistas tienen extensos puntos en común con la de los partidos oportunistas que frecuenta; sin menospreciar el hecho de que los jefes revisionistas, y la propaganda revisionista, venden sus tesis como «la opinión de un reputado marxista que debe ser escuchada para entender la realidad», lo que en consecuencia le hace partícipe de ese círculo donde se contribuye a inocular y perpetuar una visión revisionista en la militancia; está colaborando para crear una «cosmovisión» burguesa de la economía. Y esto mismo ocurre no solo a los militantes de base más desorientados sino también a los líderes del PCV que influenciados por los «reputados» revisionistas del tipo José Antonio Egido o Manuel Sutherland acaban calificando de «revolución», de «antiimperialista» o de «socialismo» a casi cualquier cosa, y eso ocurre entre otras cosas por esa falta de formación en los principios marxista-leninistas, por el hecho de que el PCV lleva décadas arrastrándose detrás del PSUV negando la búsqueda de una propia hegemonía, y por la influencia de esos «intelectuales» que profundizan la brecha de la organización con los principios marxistas. Todo ello desemboca como se sabe en que sus militantes apoyen a países imperialistas como países antiimperialistas y a figuras históricas revisionistas como si de marxista-leninistas se tratara.

Este circo es la consecuencia de los payasos, malabaristas, e ilusionistas que a sus filas atrae el PCV, sean o no miembros permanentes del circo». (Equipo de Bitácora (M-L); Las perlas antileninistas del economista burgués Manuel Shuterland; Una exposición de la vigencia de las tesis leninista sobre el imperialismo, 2018)

lunes, 22 de octubre de 2018

Negación de Brasil como imperialismo y potencia regional; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«También [niego] afirmar que Brasil es un sub imperialismo regional, porque empresas de ahí, invierten en Paraguay, Uruguay, etc. (…) Son relaciones mercantiles de intercambio donde se busca la maximización de la ganancia de la manera más breve y fácil». (Manuel Sutherland; Comentarios, 3 de marzo de 2015)

Esta es otra afirmación que puede dejar perplejo a cualquiera, sobre todo si vive en Latinoamérica y con unas nociones básicas de economía política marxista.

Todo el mundo sabe que Brasil fue una antigua colonia portuguesa, a principios del siglo XX era un país dependiente de los imperialismos occidentales, en especial del imperialismo británico –herencia que recibía del antiguo influjo de Gran Bretaña que había convertido a Portugal casi en su protectorado–. El país –como algunos de sus vecinos: Argentina por ejemplo– pese a las grandes riquezas existentes, debido a la sumisión en la división internacional del trabajo y la especialización económica, apenas se dedicaba a ciertos productos como el café. Después de la Primera Guerra Mundial, el número de inversiones de los imperialistas estadounidenses superó a la de los británicos, muchas de estas inversiones crearon –como no podía ser de otra forma– una industria ligera que daría gran rentabilidad económica a los inversores:

«Brasil era un país agrícola exportador de café. Las primeras industrias fueron creadas, como en otros países de la región, a comienzos del siglo XX por inmigrantes europeos y unos pocos propietarios agrícolas. Con el debilitamiento de las oligarquías agropecuarias el Estado potenció el nacimiento de grandes empresas ligadas a la explotación de los recursos naturales: Companhia Siderúrgica Nacional –creada en 1941–, Vale do Rio Doce –1942– y Petrobras –1953–. Las tres son hijas del Estado Novo. Luego de la crisis mundial de 1929 se desarrolló el proceso de sustitución de importaciones que redundó en el crecimiento de la industria. Hacia la década de 1970 comenzaron las exportaciones de textiles y calzado. En paralelo, Brasil se convirtió en un fuerte receptor de inversiones extranjeras de Estados Unidos y Europa que se focalizaron en las industrias de bienes de consumo duraderos –automóviles y electrodomésticos– de la mano de empresas como Ford, GM, Volkswagen, Whirlpool, Scania, Volvo y Mercedes Benz entre las más destacadas. Con el régimen militar crecieron las empresas constructoras nacionales –Odebrecht, Camargo Correa y Andrade Gutierrez–, se creó en 1969 la empresa aeroespacial Embraer y la industria petroquímica en base a la alianza entre el Estado, capitales privados y extranjeros». (Raúl Zibechi; Brasil potencia: Entre la integración regional y un nuevo imperialismo, 2012)

Después del golpe militar de 1964, se decidió al año siguiente suprimir todos los partidos excepto dos el ARENA y el MDB, los detenidos y ejecutados de forma extrajudicial era el pan de cada día. Con el régimen acusado por la crisis Geisel anunció en 1974 la relajación del nivel de censura y represión del régimen para calmar a la oposición, esto abrió una brecha que permitía aprovechar los nuevos aunque pequeños cauces legales abiertos. En 1979 se permitió la participación electoral de nuevos partidos que empezarían a rivalizar por cuotas de poder. En esta coyuntura la oposición crecía exponencialmente pese al cambio de leyes electorales, y al terror en las calles. Y aunque la economía se había modernizado y estabilizado comparado con los países de alrededor, las masas no veían reflejados esos avances en su nivel de vida, por lo que las protestas y la conflictividad social continuarían hasta nuestros días.

Esto significa que Brasil no es hasta los años 70 cuando se empieza a conformar en serio la idea de su proyecto político imperialista, y siempre bajo la tutela,  alianza y ayuda del imperialismo estadounidense; de hecho, sin EEUU no habría podido darse esta evolución o bien habría tardado muchas décadas en el propósito de desarrollar sus fuerzas productivas que le permitieran consolidar ese proyecto imperialista:

lunes, 15 de octubre de 2018

No hay, ni puede haber, un «marxismo heterodoxo» salvo para los revisionistas eclécticos; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«Soy heterodoxo y considero que la unidad obrera, por la lucha por el socialismo debe incluir de cierta forma a muchos factores y corrientes en sus coincidencias, y debe tener la serenidad de discutir sus diferencias. Por ejemplo, he ido a dar varias charlas y conferencias con Marea Socialista también, y otras organizaciones». (Manuel Sutherland; Declaraciones, 16 de enero de 2017)

Es completamente estúpido denominarse heterodoxo si uno se considera un hombre de ciencia, es de una ignorancia supina hablar de varias corrientes del socialismo científico, pues socialismo científico solo puede haber y hay uno:

«Las tesis teóricas de los comunistas no se basan en modo alguno en ideas y principios inventados o descubiertos por tal o cual reformador del mundo. No son sino la expresión de conjunto de las condiciones reales de una lucha de clases existente, de un movimiento histórico que se está desarrollando ante nuestros ojos». (Karl Marx y Friedrich Engels; El manifiesto del partido comunista, 1848)

La propia dialéctica de los acontecimientos ha demostrado en la práctica que corriente es verdaderamente científica y cual no:

«Hoy no hay necesidad de que se inventen nuevos «socialismos», ni de que se copien los llamados socialismos de los revisionistas modernos, como el soviético, yugoslavo, chino y otros, que de socialismo solo tienen el nombre. Qué es el socialismo, qué representa y realiza, cómo se logra y se construye la sociedad socialista, no son cosas desconocidas. Existe una teoría y una práctica del socialismo científico. Esa teoría nos la enseñan Marx, Engels, Lenin y Stalin. Su práctica la encontramos en la rica experiencia de la construcción del socialismo en la Unión Soviética del tiempo de Lenin y Stalin, la encontramos hoy también en Albania, donde la nueva sociedad se edifica según las enseñanzas del marxismo-leninismo. Claro está que el socialismo, como ha dicho Lenin, tendrá diferentes fisonomías y sus propias peculiaridades en diferentes países, lo que se deriva de las condiciones socio-económicas, del camino a través del que se desarrolla la revolución, de las tradiciones, de las circunstancias internacionales, etc., pero los principios básicos y las leyes generales del socialismo permanecen inalterables y son indispensables para todos los países. (...) La claridad en esta cuestión y el establecimiento de una neta línea de demarcación entre el socialismo auténtico y el pseudosocialismo, revisten una importancia capital para el desarrollo con éxito de la lucha de la clase obrera y de las masas trabajadoras. Sin tener una clara imagen de la sociedad socialista y sin atenerse a sus principios y leyes generales, la revolución se queda a mitad de camino. Es posible llevar a cabo la revolución, pero cuando falta la verdadera perspectiva socialista, puede desviarse y resultar inútiles la lucha y los sacrificios realizados por su triunfo». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

Expliquemos una vez más que es y en que descansa el marxismo-leninismo:

«El marxismo como ciencia no es un sistema de ideas congeladas inmutables, sino un sistema de pensamiento que se desarrolla históricamente. Sin embargo, mientras que la evolución continúa, el marxismo sigue siendo un sistema único y autónomo, como resultado del cual tiene una única interpretación correcta, en virtud de su esencia científica. De la misma manera los fenómenos de la naturaleza y sus leyes de desarrollo son estudiados por tales ramas de las ciencias naturales como la química, la biología, la física, etc., los fenómenos sociales son estudiados e interpretados por la ciencia marxista. Por la misma razón por la que sólo existe una posible interpretación científica de los fenómenos de la naturaleza, existiendo una ciencia de la química, la biología, la física, y no dos o más ciencias de la química, la biología y la física, solo existe pues, un sistema científico único que es capaz de estudiar e interpretar los fenómenos sociales. Los principios del marxismo-leninismo no son postulados acerca de las leyes que rigen la sociedad y la historia por los siglos de los siglos. Son el resultado de un esfuerzo titánico para generalizar el conocimiento sobre los fenómenos sociales y que mejor reflejan su esencia. Por tanto, estos principios no son verdades eternas, la quintaesencia del pensamiento humano, concebido por las mentes de los genios. Los principios del marxismo-leninismo no preceden a la historia propia; sino que son un producto de la historia misma y que se derivan de esta última, son un reflejo de las leyes objetivas que rigen la realidad. Los principios del marxismo-leninismo no son un conocimiento místico de los ancianos, sino la mínima expresión de una ciencia en toda regla, cuyo objetivo final es comprender los procesos sociales con el propósito de cambiar la sociedad». (Rafael Martínez; Sobre el Manual de Economía Política de Shanghái, 2004)

Históricamente los autodenominados «marxistas heterodoxos» no eran sino personajes que negaban el marxismo bajo premisas del idealismo, pragmatismo, escepticismo o relativismo, y por supuesto, siempre bajo una alta dosis de oportunismo político:

«No hace falta mencionar tampoco a ese tipo de pretendidos marxistas que bajo el idealismo o el escepticismo dicen que el marxismo-leninismo –con la andadura que tiene a estas alturas– no tiene paradigma a seguir, que no puede diferenciarse lo que es o no es marxista, que tesis que está dentro de sus patrones o cuáles no, en consecuencia de este tipo de pensamiento, este tipo de marxista-leninistas no consideran al marxismo-leninismo como una ciencia: ellos no pueden ser marxista-leninistas. Rebajarse a las declaraciones formales sobre la unión de todas las «corrientes comunistas» es la forma más descarada de oportunismo, ya que corriente solo hay una; marxismo-leninismo, comunismo, socialismo científico, o como quiera decorarse a la hora de nombrarse, y estipula claramente con su teoría y práctica que figura está y quién no está dentro de esta corriente, que principios y axiomas y cuáles conforman la doctrina y cuáles no, otro caso totalmente diferente sería, que el individuo no encuentre patrón a seguir dentro de la teoría marxista-leninista sobre un caso concreto, ni sepa descifrarlo con las herramientas que el marxismo-leninista proporciona gracias al materialismo-dialéctico, en este tipo de casos los errores que pueden emanar de una situación extraordinaria pueden ser perdonables los errores, ya que la dialéctica de los fenómenos nos pone ante nuevos retos y nos pondrá ante otros inimaginables, otra cosa diferente es como decimos, errar bajo teorizaciones conscientes quebrantando axiomas conocidos sin aportar prueba de porqué se atenta contra él, mucho más imperdonable es cuando se hace esto cargando con la fanfarronería que la «neoteoría» creada es mejora y superior a cualquier exposición del marxismo-leninismo en dicho tema». (Equipo de Bitácora (M-L); Diferencias entre unidad entre marxista-leninistas y la unión ecléctica de pretendidos o simpatizantes de dicha doctrina, 2013)

jueves, 27 de septiembre de 2018

China como un «país pacífico que no se mete en asuntos externos»; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«Ahora, desde la concepción leninista, China es una potencia imperialista, acomete el imperialismo contra otros países. La única característica que China no posee con respecto a la ideología del imperialismo es la agresividad militar-colonial que Lenin endilgaba a esos países. Por ello, por su no militarización y lo «amistoso» de los convenios, y la no «injerencia en las políticas internas». (Manuel Sutherland; Comentarios, 15 de febrero de 2015)

Manuel Sutherland ha reconocido abiertamente que no sabe mucho sobre China y que por ello no acostumbra a hablar, así en las entrevistas recibidas en la TV china, sus comentarios solo versaron sobre Venezuela, pero no es debido al desconocimiento que tiene sobre la política del gigante asiático, sino al miedo de contrariar al medio chino. Pero en otras ocasiones aun sabiendo que desconoce la política histórica de China, se atreve a comentar con algunas pinceladas la naturaleza del régimen chino en círculos más informales, llegando a soltar comentarios ignorantes y verdaderas barbaridades que solo las habíamos visto a reconocidos agentes del socialimperialismo chino como es el caso de José Antonio Egido.

La voracidad imperialista de los políticos chinos ha demostrado que solo los necios o los traidores conscientes pueden afirmar que China no es una superpotencia socialimperialista. Los planes para convertir a China en lo que es hoy, puede vislumbrarse en la doctrina del revisionismo chino o Pensamiento Mao Zedong que expresaban: el chovinismo, la promoción de la burguesía nacional y el desarrollo del capitalismo como algo «bueno para el pueblo» y la idea de una alianza política con la potencia imperialista de los Estados Unidos para acometer la industrialización y modernización de China. Allí encontraremos respuesta a los interrogantes de como se ha acabado así. Hagamos un breve resumen del desarrollo del maoísmo sobre todo en lo concerniente a su aspiración y problemas a formarse como potencia regional y mundial:

jueves, 6 de septiembre de 2018

Repaso histórico a las teorías enfrentadas al axioma científico de la acumulación de capital; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«Toda la serie de teorías que hemos venido desbrozando a lo largo del presente documento sobre Manuel Shuterland no han sido meras invenciones del mismo. La concepción de negación del proceso de acumulación del capital y de monopolización –que es el eje central del negacionismo «sutherlandiano» para con el imperialismo como fase especial del capitalismo–; son «perro viejo» de la literatura revisionista.

El primero de estos testimonios puede encontrarse, de forma más o menos clara, en economistas románticos de la etapa del pensamiento pre-marxista, como por ejemplo Sismondi o Proudhon. Sin embargo, el primer «socialista» que hizo públicas unas disquisiciones similares fue el padre del revisionismo: Eduard Bernstein. Hablamos de revisionismo en marxismo, cuando se revisa un axioma sin argumentación, sin evidencia científica, desde posiciones subjetivas.

Consideramos oportuno dedicar unas líneas a Proudhon y a Bernstein, para trazar el origen del revisionismo del que hace gala el «economista» venezolano.

En 1846-1847, Karl Marx publicó una brillante réplica al libro de Proudhon «Filosofía de la miseria» de 1846. La réplica desmontaba las teorías socialistas del autor francés, mientras elaboraba por primera vez, de forma sistemática la concepción del mundo materialista-dialéctica, superando el primer esbozo de la misma, que apareció en el también polémico libro «La Sagrada Familia» de 1844, coescrito con Engels y dirigido contra el elitismo filosófico de los idealistas y voluntaristas neohegelianos como Bruno Bauer y consortes.

En la polémica con Proudhon, que Marx mandó imprimir bajo el sagaz título «Miseria de la filosofía», encontramos un capítulo referido al desarrollo dialéctico reciente de la economía. En él, encontramos, a su vez, una referencia a la creencia proudhoniana de la competencia como un proceso acabado, definitivo, del desarrollo social precedente. Para Proudhon, por lo tanto, la nueva sociedad no podría sino basarse en la competencia, pues era la forma acabada «más perfecta» de los modos de distribución de los productos –en este caso, mercancías–.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Negación de la peligrosidad de la inversión extranjera imperialista para la soberanía político-económica de un país; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«Toda inversión en otro país, y sobre todo en recursos naturales, busca la máxima ganancia, el menor costo, la menor inversión etc. No veo inversiones capitalistas normales versus imperialistas, para mi todas son capitalistas, salvo las excepciones más arriba». (Manuel Sutherland; Comentarios, 3 de marzo de 2015)

a) Primero, Manuel Sutherland, al no entender la evolución del capitalismo, no entiende que actualmente tras un alto grado de desarrollo del capitalismo y su consolidación en monopolios, la tendencia no es como en la anterior época del «capitalismo de libre concurrencia» dominada por la exportación de mercancías, en la etapa monopólica como ya se ha explicado la exportación de los países imperialistas está por completo dominada por la exportación de capitales, lo que además refuerza el carácter parasitario de las burguesías en estos países, el carácter usurero del que anteriormente hablábamos:

«Lo que caracteriza al viejo capitalismo, en el cual dominaba plenamente la libre competencia, era la exportación de mercancías. Lo que caracteriza al capitalismo moderno, en el que impera el monopolio, es la exportación de capital. El capitalismo es la producción de mercancías en el grado más elevado de su desarrollo, cuando incluso la fuerza de trabajo se convierte en mercancía. El incremento del cambio tanto en el interior del país como, particularmente, en el terreno internacional, es el rasgo característico del capitalismo. El desarrollo desigual, a saltos, de las distintas empresas y ramas de la industria y de los distintos países es inevitable bajo el capitalismo. Inglaterra es la primera que se convierte en país capitalista, y hacia mediados del siglo XIX, al implantar el libre cambio, pretendió ser el «taller de todo el mundo», el proveedor de artículos manufacturados para todos los países, los cuales debían suministrarle, a cambio de ello, materias primas. Pero este monopolio de Inglaterra se vio quebrantado ya en el último cuarto del siglo XIX, pues algunos otros países, defendiéndose por medio de aranceles «proteccionistas», se habían transformado hasta convertirse en Estados capitalistas independientes. En el umbral del siglo XX asistimos a la formación de monopolios de otro género: primero, uniones monopolistas de capitalistas en todos los países de capitalismo desarrollado; segundo, situación monopolista de unos pocos países ricos, en los cuales la acumulación de capital había alcanzado proporciones gigantescas. Se produjo un enorme «excedente de capital» en los países avanzados. Mientras el capitalismo sea capitalismo, el excedente de capital no se consagra a la elevación del nivel de vida de las masas del país, ya que esto significaría la disminución de las ganancias de los capitalistas, sino al acrecentamiento de estos beneficios mediante la exportación de capitales al extranjero, a los países atrasados. En estos países atrasados el beneficio es de ordinario elevado, pues los capitales son escasos, el precio de la tierra relativamente poco considerable, los salarios bajos y las materias primas baratas. La posibilidad de exportación de capitales la determina el hecho de que una serie de países atrasados han sido ya incorporados a la circulación del capitalismo mundial, han sido construidas las principales líneas ferroviarias o se ha iniciado su construcción, se han asegurado las condiciones elementales de desarrollo de la industria, etc. La necesidad de la exportación de capitales obedece al hecho de que en algunos países el capitalismo ha «madurado excesivamente» y al capital –atendiendo al desarrollo insuficiente de la agricultura y la miseria de las masas– le falta campo para su colocación «lucrativa». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916)

Tendencia que precisamente se ha hecho notar enormemente a partir de 1945 tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, confirmando las previsiones de Lenin:

«Las formas jurídicas y políticas bajo las que ese sojuzgamiento se lleva a cabo han sido, en algunos aspectos, modificadas a raíz del fin de la II Guerra Mundial, en 1945, con la llamada descolonización, que no ha sido más que una nueva forma de proceder a un nuevo reparto, entre los Estados Unidos, Inglaterra, Francia y posteriormente Alemania, etc., de las antiguas colonias para establecer nuevas bases políticas y jurídicas con el fin de mantener un sistema de expoliación y explotación neocolonialista, especialmente en los países y territorios de África, Oriente Medio y Asia. Así por ejemplo, una de las tesis de Lenin, que conserva una actualidad sorprendente, es la relativa a la importancia para el sistema capitalista en su fase imperialista de la exportación de capitales y la expoliación de los países más pobres y semicoloniales, que se lleva a cabo a través de los llamados préstamos e inversiones con tasas de interés y condiciones leoninas para los «beneficiarios» y que la exportación de capitales y no la exportación de mercancías, según Lenin, había adquirido una importancia preponderante, que daba un auge extraordinario a la expansión económica exterior de los países capitalistas. Esas inversiones de capital imperialista, a las que Lenin hacía referencia, no han cesado de aumentar desde entonces a ritmos vertiginosos. Así por ejemplo, los Estados Unidos que después de la II Guerra Mundial se convirtió en la potencia imperialista dominante, pronto llegó a ser el mayor inversor de capitales en el exterior, sobrepasando las de todos los países imperialistas tomadas en su conjunto». (Elena Ódena; El imperialismo y nuestra lucha actual, 23 de septiembre de 1982)

martes, 21 de agosto de 2018

Confusión entre exportación de mercancías y exportación de capital; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«La exportación de capitales, es una forma que toma las mercancías, el dinero es una mercancía, la exportación de capital en forma de Inversión Extranjera Directa (IED), es simplemente una inversión en materia prima, maquinaria, y fuerza de trabajo para reproducir capital allende la casa matriz, es una relación mercantil, es un intercambio mercantil». (Manuel Sutherland; Comentarios, 3 de marzo de 2015)

Esto es una equivocación brutal viniendo de un presunto economista de «nivel». Como dijo el marxista-leninista francés Vincent Gouyyse, esto ocurre debido a:

«La idealización de la etapa del capitalismo premonopolista, donde reinaba sin contestación la producción mercantil y donde el rol de los préstamos internacionales era marginal.

Se ignora la diferencia fundamental entre la exportación de mercancías y la exportación de capital es que en el caso de la exportación de mercancías, el plusvalor del capital ya está contenido en la mercancía que ya ha sido incorporada por los obreros del país exportador, mientras que en la exportación de capital, la plusvalía es creada por los obreros del país donde se exporta el capital, que este capital se exporta bajo la forma de un préstamo que sirva para retirar indirectamente un interés –la burguesía indígena lo invertirá dicho préstamo en lo que quiera– o abasteciéndose directamente de medios de producción aportados por el inversor extranjero y creando un plusvalor en tierra indígena: aquí la burguesía indígena sólo servirá de intermediario entre los trabajadores indígenas y el inversor extranjero que será el único responsable de la utilización del capital». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

He aquí explicado porque los economistas pequeño burgueses como Shuterland –que oscilan entre querer ser marxistas pero nadan en las aguas de los autores burgueses– no entienden bien la economía capitalista y sus desarrollos en la etapa imperialista. 

¿Qué más hay que anotar? El rol de la división internacional del trabajo en la exportación de mercancías y capital. Algo que suelen olvidar muchos de los ideólogos del antiimperialismo:

«Sin embargo, hasta en el caso de la producción mercantil «pura», la explotación no está suprimida de ninguna manera. La división del trabajo está en su origen.

Bajo el imperialismo, la exportación de mercancías sirve para que los países imperialistas aseguren su dominación comercial en ciertos segmentos del mercado mundial, es decir, siempre que sea posible la exportación de mercancías de alta tecnología que contienen mayor trabajo acumulado, que es intercambiado por un gran volumen de mercancías indígenas. La exportación de capital, ella, sirve por el contrario para estimular la producción de materias primas necesarias para las metrópolis imperialistas y los bienes de consumo corrientes a menor costo destinados a la exportación hacía las metrópolis imperialistas para mejorar la condición material del proletariado de las metrópolis.

Lo esencial para los países imperialistas es asegurar que los beneficios que se derivan de la exportación de mercancías y de capitales hacia los países dependientes les ayuden a mantener la dependencia económica y política de la burguesía nacional indígena, permitiendo así al imperialismo dictarle órdenes. La exportación de capital significa pues la subordinación de los países dependientes y su sometiendo al sistema imperialista mundial. Lo esencial para el imperialismo es, pues, que la burguesía nacional de los países dependientes satisfaga estas transacciones, que siga siendo una burguesía indígena de tipo compradora que no busque desarrollar los producciones no deseadas por sus ordenantes imperialistas, y en primer lugar producciones que podrían romper estos mecanismos de dependencia, como una industria de producción de medios de producción potente y diversificada que originase un nuevo competidor imperialista y agravara la lucha por los mercados comerciales y financieros». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Pero expliquemos esto de forma más profunda.

Veamos: el dinero es una relación de «valor de cambio». Ahora, convengamos que la exportación de capitales se da a causa de la acumulación de capitales en manos de las «oligarquías financieras» –capital industrial y capital bancario– que redunda en el «relativo capital sobrante» que resulta característico del capitalismo monopólico de la etapa imperialista, y que se exporta en lo fundamental debido a que dentro del país de origen se reduce el margen de inversión y ganancia a causa del incremento de los costos de producción. Es decir, en los países capitalistas desarrollados que cuentan con una oligarquía financiera constituida que luego de eliminar, o casi eliminar a la competencia del interior, y de haber monopolizado los diversos sectores productivos, calcula que seguir invirtiendo en el panorama nacional no puede asegurar ya las ganancias deseadas, en consecuencia tampoco asegura el crecimiento económico fundamentado en el máximo beneficio por lo que entonces decide buscar nuevas oportunidades en el exterior; este es el mecanismo básico por el que los monopolios nacionales se extienden al resto de países para mantener el «máximo beneficio» convirtiéndose en consorcios de explotación multinacionales, porque sencillamente en estos terceros países el margen de ganancia es superior al doméstico debido a los costes, las leyes laborales, la mano de obra entre otros factores.

Entonces lo que se exporta es el sobrante del «capital financiero» y este se expresará en el país de destino en forma de mercancías. Vale decir que la reproducción de ese «capital financiero» no tiene por finalidad reproducir mercancías puesto que su objetivo último es la reproducción del «capital financiero» aunque se valga de la producción mercantil que resulta de la explotación del trabajo y de la fuerza de trabajo como ya expresó Marx en su obra cumbre, pues es el trabajo el único que produce riqueza; y es por lo mismo, que en la etapa imperialista la exportación de capitales va «mutando paulatinamente de la inversión directa a los préstamos» lo que supone la misma explotación para las masas trabajadoras pero teniendo como intermediarios del imperialismo a la burguesía indígena en este caso concreto. Vale decir que la exportación de capital existía en la época capitalista premonopolista pero tenía un papel por completo secundario. No entender cómo nace la necesidad de la exportación de capital es no entender nada del desarrollo histórico económico, y es no entender la propia realidad de nuestros días que tan comúnmente muestra la realidad de este proceso.

Mientras un país dependiente de los imperialismos, neocolonial, por los designios del mercado donde actúa la ley del valor es posible que tenga un excedente de mercancías producidas: seguramente casi en exclusiva en la agricultura, pero cuando lanza al mercado internacional esas mercancías las vende a un precio irrisorio mientras se ve obligada a comprar otras de mayor valor como es el caso de la mercancía industrial que no posee y les son tan necesarias. Por otro lado un país imperialista puede tener un excedente en la producción de mercancías en varias ramas debido a su elevado desarrollo de las fuerzas productivas y su diversificación, cuando lanza sus mercancías –industriales– al mercado se venden a un alto precio por su demanda, gracias a ello puede conseguir un alto beneficio y se asegura la dependencia económica permanente de los países no industrializados que siempre demandaran esa mercancía o su mantenimiento; a su vez, el país imperialista en su propia demanda de materias primas para su industria se satisface de comprar materias primas a precios baratos en el mercado mundial debido a la gran oferta de las mismas por parte de los países no industrializados. 

Mientras en un país dependiente la burguesía en general no suele tener un gran excedente de capital, es algo casi inusual o más bien exclusivo de la burguesía compradora, y de serlo no tiene muchas libertad en donde invertirlo –necesita aprisa ampliar o modernizar sus fuerzas productivas para ponerse a la par de las empresas extranjeras que le hacen la competencia en el país o debe invertirlo en pagar la deuda, etc.– siendo muy rara la capacidad de exportar capitales. Por otro lado en el país imperialista el excedente de capital es mucho más común por su músculo industrial, por su amplio desarrollo de las fuerzas productivas, y suele tener un número de capital «sobrante» tan alto como para sobornar a la «aristocracia obrera», reforzar la militarización de la economía que la burguesía imperialista estima necesaria para intimidar a los países bajo su influencia o enfrentarse a sus competidores, pero sobre todo por su jugosa rentabilidad, así mismo decide colocar ese abultado excedente para exportar dicho capital a países terceros, bien en forma de préstamos, créditos, formando nuevas empresas que operan en dichos países, empresas mixtas concertadas entre los monopolios y la burguesía indígena, etc., y es que esto no podía ser de otra forma, pues como hemos dicho los monopolios son la creación de la oligarquía financiera, es decir del capital bancario que ha sometido al capital industrial y que busca la dominación no solo nacional sino internacional. 

Es más: a veces la exportación de capital del país imperialista va íntimamente ligado a la exportación de mercancías por el país que la recibe, así en multitud de ocasiones, el país deudor, cuando no puede pagar la deuda, paga en materias primas al país imperialista, que como todo el mundo sabe, consume muchas más materias primas que cualquier país dedicado a producir materias primas, porque simplemente consume muchas más. La exportación de capital es un puente mucho más seguro que la exportación de mercancías para que los países imperialistas penetren a través de la economía en la política de los países dependientes. Claro que existen excepciones en los países imperialistas en cuanto a la predominancia de la exportación de capital sobre la exportación de mercancías, esto se ve sobre todo en los países imperialistas emergentes, donde generalmente tienen niveles parejos de exportación e importación de capitales, pero suele ser un fenómeno temporal hasta que su burguesía tiene suficiente potencial para que su país supere la exportación a la importación de capital; otras veces algunos países imperialistas por su mano de obra más barata, por la buena disposición de verter sus productos en los mercados –cosa que sus competidores no pueden igualar sin crear conflictos sociales agudos– tienen un gran nivel de exportación de mercancías que incluso supera los niveles de exportación de capitales, pero eso es muy raro de ver, como es aún más raro de ver por no decir imposible, un país dependiente con más niveles de exportación de capital que de mercancías. La realidad es tozuda.

Podríamos considerar que el capital financiero es la usura llevada a instancias internacionales que cumple un doble propósito: mantener el «máximo beneficio» y a su vez la dependencia económico-política de los países neocolonizados. La usura no aparece en escena sino hasta la aparición de la propiedad, he ahí las constantes luchas de los griegos contra la usura en la etapa esclavista en los momentos de la aparición y consolidación del Estado. Tras las diferentes etapas en la humanidad y los diferentes modelos económicos de explotación, el capitalismo y su etapa imperialista hacen de la usura un modo de vida.

Si uno no comprende esto, ocurrirá que como le ocurre a Sutherland, se alberguen distorsiones sobre las exportaciones de mercancías y de capital, y se desprecie el peligro de la exportación de capitales a terceros países, Sutherland por tanto, pese a que se le llene la boca, no puede ser un consecuente antiimperialista; al revés, con sus teorizaciones juega a favor de los imperialismos, desarma a los pueblos de sus herramientas para analizar y comprender debidamente los acontecimientos internacionales y las relaciones económicas entre los países dependientes e imperialistas, los condena a teorías políticas y económicas igual de ilusorias para los países neocolonizados como pueden ser las teorías del «no alineamiento» o de la búsqueda de un «nuevo orden económico», teorías que niegan el imperialismo según la concepción leninista y lleva a los pueblos a un engaño que perpetua su estatus de oprimidos doblemente: por la burguesía nacional y por la burguesía extranjera. Eso nos lleva al siguiente punto». (Equipo de Bitácora (M-L); Las perlas antileninistas del economista burgués Manuel Shuterland; Una exposición de la vigencia de las tesis leninista sobre el imperialismo, 2018)

viernes, 17 de agosto de 2018

Falseamiento del leninismo: al afirmar que su concepto de imperialismo pone por delante lo político-militar a lo económico; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«En mi criterio, siendo bastante polémico, [Lenin] se aleja de todo el trabajo marxiano en el Capital e inventa una ideología que pone lo político militar por arriba de lo económico». (Manuel Sutherland; Comentarios, 3 de marzo de 2015)

Ya vimos que la caracterización que Lenin da al imperialismo como etapa superior del capitalismo está sedimentada en fenómenos económico-políticos, y claro que hay un componente militarista por parte del imperialismo pero este debe de ser entendido como una consecuencia precisamente de la fenomenología ligada al desarrollo capitalista.  Dicho de otro modo, en el imperialismo encontramos una preponderancia de lo económico-político sobre lo militar. Pero vayamos más atrás, a los «imperialismos precapitalistas», para desmontar esta noción por completo: en la historia de la humanidad se han reconocido dos sociedades en las que la cuestión militar hacía parte del núcleo de su cohesión social, en la que cada ciudadano era comprendido como un soldado y de hecho toda la vida social convergía en ello, una de esta era la «Polis de Esparta» –ciudad Estado–, la otra fue «Hatti» –Imperio Hitita–. En ambos casos, siempre que se fue a la guerra, siempre que se hizo uso de la maquinaria militar, fue por motivaciones económico-políticas específicas y reconocibles –no las abordaremos por no ser objeto de este documento–, a causa de estas motivaciones es que vemos a los espartanos combatiendo contra los persas primero y contra los ateniense después, y a los hititas combatiendo contra los egipcios. Esto demuestra, como ya decíamos, que aún en estas etapas históricas lo militar estaba subordinado a lo económico-político, y nunca ha sido distinto. Lenin demostró por ejemplo que la política colonial del capitalismo en su etapa premonopólica era sensiblemente diferente a la política de su etapa imperialista, señalaba que igualarlos sin más era negar las transformaciones socio-económicas, del mismo modo se mofaba de los que asimilaban el imperialismo británico con el imperio romano porque era lo mismo que no entender nada de historia ni de economía, pues dos sistemas económicos diferentes no podían tener la misma expresión económica, política ni cultural:

«La política colonial y el imperialismo ya existían antes de la fase contemporánea del capitalismo e incluso antes del capitalismo. Roma, basada en la esclavitud, mantuvo una política colonial y practicó el imperialismo. Pero los análisis «generales» sobre el imperialismo que olvidan o ponen en segundo plano la diferencia esencial entre las formaciones socioeconómicas se convierten inevitablemente en trivialidades huecas o en fanfarronerías, como la de comparar «la gran Roma con la Gran Bretaña». Incluso la política colonial capitalista de las fases previas del capitalismo es esencialmente diferente de la política colonial del capital financiero». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916)

Pero Sutherland va más allá, e igual que los eurocomunistas, mediante una mentira flagrante contrapone a Marx con Lenin para luego concluir que este último valiéndose de posiciones idealistas antepone el carácter militar al económico. Claro es que esto solo lo puede decir un ignorante de campeonato o un gran falseador consciente. Rebajar la teoría del leninismo a la mera cuestión militar es un ataque muy pobre, porque cualquiera que se moleste en leer las obras de Lenin verá que eso es una mentira evidente. Ya vimos anteriormente como Lenin define al imperialismo bajo cinco rasgos fundamentales: la concentración de capital, la fusión del capital industrial y bancario dando lugar al capital financiero, el desempeño fundamental de los monopolios en la economía, la exportación de capital siendo primacía a la exportación de mercancías, la formación de multinacionales, el reparto territorial del mundo entre las potencias. ¡¿No es esta una definición que da primacía al aspecto económico sobre el militar?!

jueves, 9 de agosto de 2018

Negación del proceso de monopolización en la etapa imperialista del capitalismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


««Para mí no existe una etapa monopólica del capitalismo ni mucho menos pre monopólica. (...) No veo nada científico en la teoría del capitalismo monopolista, en mi criterio». (Manuel Sutherland; Comentarios, 3 de marzo de 2015)

Esta barbaridad de Shuterland tampoco es nueva. Otro «experto marxista» nos decía:

«La primera característica es falsa porque los monopolios han existido junto con las pequeñas y medianas empresas desde siempre». (Santiago Armesilla; Reescritos de la disidencia, 2012)

¿Las pequeñas y medianas empresas «han existido desde siempre»? ¿Entonces la propiedad privada sobre los medios de producción y el comercio basado en productores individuales fragmentarios es una ley absoluta de la economía política en cualquiera de sus épocas? Estas absurdeces nos llevan, necesariamente, a dos conclusiones. Primero, Armesilla opina, a modo de un Karl Polanyi de intelecto más escuálido, que la propiedad privada es «intrínseco», algo innato, a la existencia de las sociedades humanas –lo cuál está demostrado como una falsedad–. Segundo. La existencia de las pequeñas y medianas empresas, de alguna forma, corrobora que la monopolización no ha alcanzado ningún grado significativo desde el siglo XIX: que «todo sigue igual». Lo cual es todavía más risible como veremos más adelante.

Hacer pasar semejantes alegatos del fijismo y la metafísica por algo cercano a una crítica constructiva y marxista es irrisorio. Demuestra, en su empeño por hacernos creer que nada evoluciona y que todo permanece, que ni siquiera ha centrado la vista al menos por un momento en los datos más recientes relativos a la fusión de grandes empresas y a la dependencia de las pequeñas y medianas empresas respecto a aquéllas. 

Supongamos que su argumento se reduce a afirmar que, aunque exista la concentración progresiva del capital en grandes monopolios, esto no ha afectado en absoluto al carácter del capitalismo y de su política exterior. En este caso seguimos viendo su propuesta como un error peligroso que adormece al proletariado ante las tareas de su época; que impide su comprensión y que se tome partido en nuestras condiciones actuales.

La monopolización, en resumidas cuentas, genera una presión mayor en el mercado externo debido a que, cuando tiene lugar, propicia que el volumen de producción se expanda a ritmos a los que el mercado interno no puede seguir el paso. La mayor productividad acarrea que se generen condiciones donde la reproducción social necesita de muchos más recursos para tener lugar, siendo así que la lucha por las fuentes de materias primas y de mano de obra barata se enardecen como nunca. Asimismo, este mayor volumen de producción ocasiona que el mercado financiero deba expandirse a pasos agigantados para cubrir las operaciones empresariales cada vez más costosas. Estas condiciones son el caldo de cultivo idóneo para que el capital financiero –la fusión del capital bancario y del industrial, en palabras de Lenin–ganen un papel cada vez más protagonista en la escena del capitalismo monopolista. Este crecimiento lo sitúa en la punta de lanza de las operaciones del imperialismo; es el capital financiero el que busca esta expansión del mercado para garantizarse la maximización del beneficio; es él, por tanto, el que dicta la política de las potencias imperialistas y el que ocasiona que éstas finalicen el viraje que las lleva desde un dominio militar y colonial de las fuentes de materias primas a un dominio fiduciario de las mismas. La política del capitalismo, por tanto, se transforma en una política neocolonial a causa del avance de la monopolización. Creemos que esto es algo más que significativo y que sí demarca una diferencia entre el capitalismo pre-monopolista y el actual –y esto sin adentrarnos en el rol del Estado burgués en todo este proceso; en su transformación de árbitro de los negocios a un capitalista colectivo: un ejemplo más de las sociedades por acciones que brillan en el capitalismo monopolista como estrellas centrales de todo el sistema productivo–.

Sea como sea, afirmar que no existe proceso de concentración de la propiedad, monopolización, es desde luego es un tremendo disparate. Ni siquiera José Antonio Primo de Rivera, ideólogo del fascismo español de los años 30, negaba el proceso de monopolización en la sociedad, sabía que negar tal proceso e intentar engañar a la gente no tendría calado ni siquiera entre las masas trabajadoras sin conciencia política, ya que era algo que podía ser visto y comprobado en el día a día por la clase obrera, los intelectuales y los pequeños propietarios. Se sabía por tanto, que hubiera sido perjudicial adoptar como eje la negación del proceso de monopolización para su organización fascista, fijémonos pues a qué niveles de patetismo ha llegado el «marxista» y «reputado economista» Sutherland.

El proceso de monopolización no es estrictamente un fenómeno registrado solamente por Lenin; Marx y Engels ya dejaron constancia que este es un fenómeno implícito del capitalismo, para ello por supuesto se observó la economía burguesa de su época pero también se basaron en lo que exponían y confesaban las propias obras de los pensadores y economistas burgueses como Adam Smith o David Ricardo. En su famosa obra «Manuscritos económicos y filosóficos» de 1843, Marx nos refleja que en el proceso de acumulación del capitalismo el monopolio es un fenómeno característico del capitalismo que sucede como parte de su «curso natural»:

«Como ya sabemos que los precios de monopolio son tan altos como sea posible y que el interés de los capitalistas, incluso desde el punto de vista de la Economía Política común, se opone abiertamente al de la sociedad, puesto que el alza en los beneficios del capital obra como el interés compuesto sobre el precio de las mercancías (Smith, t. I, págs. 199—201), la única protección frente a los capitalistas es la competencia, la cual, según la Economía Política, obra tan benéficamente sobre la elevación del salario como sobre el abaratamiento de las mercancías en favor del público consumidor.

La competencia, sin embargo, sólo es posible mediante la multiplicación de capitales, y esto en muchas manos. El surgimiento de muchos capitalistas sólo es posible mediante una acumulación multilateral, pues el capital, en general, sólo mediante la acumulación surge, y la acumulación multilateral se transforma necesariamente en acumulación unilateral. La acumulación, que bajo el dominio de la propiedad privada es concentración del capital en pocas manos, es una consecuencia necesaria cuando se deja a los capitales seguir su curso natural, y mediante la competencia no hace sino abrirse libre camino esta determinación natural del capital». (Karl Marx; Manuscritos económicos y filosóficos, 1843)

Precisamente Marx explicando a idealistas como Proudhon que no entendían realmente el origen histórico de la monopolización, expresó:

domingo, 5 de agosto de 2018

Negación de la teoría leninista del imperialismo como etapa superior del capitalismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«Uno de los ideólogos del actual nacionalismo español nos hacía la siguiente aseveración sobre la teoría de Lenin del imperialismo en la era capitalista:

«Pues bien, estas cinco características que para Lenin ha de tener el Imperialismo son falsas. La primera característica es falsa porque los monopolios han existido junto con las pequeñas y medianas empresas desde siempre. (...) La segunda característica también es falsa porque la oligarquía financiera ha existido siempre desde que nació el capitalismo, la cual lo ha dominado siempre. (...) Lenin erraba en su aserto, en que una oligarquía financiera dominara en la «fase» del Imperialismo, ya que desde sus inicios en Génova, el capitalismo ha estado dominado por una oligarquía financiera». (Santiago Armesilla; Reescritos de la disidencia, 2012)

Sobraría refutar estas tonterías, ya que efectivamente:

«La política colonial y el imperialismo ya existían antes de la fase contemporánea del capitalismo e incluso antes del capitalismo. Roma, basada en la esclavitud, mantuvo una política colonial y practicó el imperialismo. Pero los análisis «generales» sobre el imperialismo que olvidan o ponen en segundo plano la diferencia esencial entre las formaciones socioeconómicas se convierten inevitablemente en trivialidades huecas o en fanfarronerías, como la de comparar «la gran Roma con la Gran Bretaña». Incluso la política colonial capitalista de las fases previas del capitalismo es esencialmente diferente de la política colonial del capital financiero». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916)

Comparar los monopolios feudales del imperio bizantino, donde el Estado tenía un gran control de las actividades económicas, con los monopolios de la época capitalista, es una analogía que solo puede hacerlo quien no entienda las diferencias entre las relaciones de producción de una época y otra, o dicho de otro modo, es un anacronismo absurdo... Como decía Lenin, sería como intentar comparar las relaciones de producción y las fuerzas productivas esclavistas durante el imperio romano con las relaciones de producción y las fuerzas productivas capitalistas durante el imperio británico. ¿Acaso es comparable el desarrollo del capital bancario de las repúblicas italianas del siglo XVI o las sociedades mercantiles del siglo XVII con los bancos actuales o las multinacionales? Los unos se parecen a los segundos tanto como un caballo a un camello. 

La comparación es todavía más burda si tenemos en cuenta que la política de estos viejos imperios se basaba principalmente en una política rentista del suelo combinada con una expansión colonial, mientras que cualquier imperialismo actual prima la rentabilidad a toda costa del capital pero además, suele dominar los mercados internacionales careciendo de colonias dominando a través del neocolonialismo sobre otros países, con el cual no necesita ya de una presencia militar permanente para asegurar sus esferas de influencia, sino que se vale de otros entramados económicos como la presencia de multinacionales, los créditos o el  comercio desigual. En efecto, algunos de estos métodos ya eran utilizados en su forma primitiva en los antiguos imperios ya fenecidos, pero nadie en su sano juicio se atreverá a comparar la incidencia en la economía nacional y mundial de las letras de cambio italianas del siglo XII o la Liga Hanseática del siglo XIV con los créditos del FMI o la Unión Europea. 

jueves, 4 de enero de 2018

Imperialismo y colonialismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2018

Mapa de África a principios del siglo XX

«El negar o tener una concepción errada de la teoría leninista del imperialismo conlleva consciente o inconscientemente el postular teorías que lastran la estrategia revolucionaria e incluso que son directamente reaccionarias.

«Ideólogos» como Shuterland, los maoístas de distintos pelaje, los viejos fósiles brezhnevistas, o alguno de los variopintos tercermundistas como es el caso de los «socialistas del siglo XXI», y tantos otros, nos ofrecen unos esquemas sobre el llamado imperialismo que lejos de contribuir a la lucha antiimperialista hacen un flaco favor a la causa, unos con teorías idealistas y utópicas, otros con teorías directamente lacayunas.

Algunos debido a sus escasos conocimientos en materia geopolítica, económica y sobre todo en líneas generales de desconocimiento del marxismo-leninismo, no solo confunden y niegan el peligro de las relaciones neocoloniales, sino que también olvidan que los países imperialistas de la actualidad siguen ejerciendo una opresión nacional y/o colonial, ante lo cual guardan un silencio o emiten declaraciones nauseabundas negando el estatus colonial que todavía existen en varios territorios, teorizando diversas tesis sobre que esos territorios «han sido asimilados e igualados» al de las metrópolis que en su día les colonizó, y que por tanto estas zonas «ya no son colonias», dando carpetazo al tema, negando la cuestión nacional y colonial en nuestra época. Esto viene de no comprender para nada el funcionamiento del sistema imperialista en estos territorios y las vicisitudes que se pueden presentar, así las maniobras y la propaganda de los gobiernos imperialistas sobre estos territorios,  a los cuales niegan el derecho de autodeterminación, son seguidos a pies puntilla por estas gentes.

Otros pretenden demostrar que como en algunas ocasiones el imperialismo ha concedido la soberanía estatal y ha dejado configurarse como Estado independiente a sus viejas colonias se habría demostrado que el imperialismo ha mutado e incluso que se ha vuelto altruista hacia los países subdesarrollados. No reconocen que esta independencia estatal se ha ganado a base de lucha y sangre en la mayoría de ocasiones, y que en otras los propios imperialistas no han visto rentable el continuo gasto de la presencia militar y todo el material destinado a mantener la colonia bajo sus manos, siendo estas las causas principales de los nuevos Estados neocoloniales. Pero todavía algunos cometen otro error más vulgar, el creer que con la consecución de la independencia estatal estos países han alcanzado soberanía político-económica, proclaman automáticamente que son estandartes del antiimperialismo sin pararse a ver el desarrollo de dichos gobiernos una vez alcanzada la independencia estatal. La gran mayoría de ellos una vez adquirido la soberanía estatal han caído en la dependencia económica de los imperialistas e incluso a veces de sus mismos viejos amos coloniales, convirtiéndose así de colonias a neocolonias; independientes estatalmente pero dependientes económicamente y por extensión políticamente. Acabaron enredados a través de deudas, pactos comerciales, invasión de capital extranjero y pactos militares que les inmovilizan.

Analicemos estas dos visiones revisionistas sobre el imperialismo y su forma de dominación colonial y neocolonial.

La RAE para las acepciones sobre colonias, nos dice:

«Colonia. Del lat. colonia, de colōnus «labrador», «colono». 1. f. Conjunto de personas que, procedentes de un territorio, se establecen en otro. 2. f. Territorio o lugar donde se establece una colonia. 3. f. Territorio fuera de la nación que lo hizo suyo, y ordinariamente regido por leyes especiales. 4. f. Territorio dominado y administrado por una potencia extranjera». (RAE)

El colonialismo se ha dado históricamente en diferentes regímenes económicos, ya en la época esclavista se pueden detectar las famosas colonias fenicias o griegas por ejemplo, pero al ser diferentes épocas y modelos de producción las colonias respondían a otras motivaciones que no son exactamente iguales a las del capitalismo. Es más incluso podríamos decir que el modelo colonial en una misma época como fue la Edad Antigua de los griegos y fenicios no era igual del todo: mientras los primeros priorizaban colonias con un gran número de colonos y cierta presencia militar reseñable, dichas colonias siempre estaban motivadas por la crisis en las polis griegas y el excedente de población, entre tanto establecían en las colonias centros para la obtención de metales por ello los enclaves se localizaban cerca de las cuencas metalíferas para luego comerciar. Por otro lado los fenicios y sus motivaciones coloniales estaban basados en dar salida a sus productos locales y la búsqueda de nuevos mercados, aunque luego también tendría que ver el crecimiento demográfico como en el caso griego, pero preferían establecer factorías en pequeñas penínsulas o islas y centrarse en el comercio, generalmente con un reducido número de colonos y escasas fortificaciones. Eso no quita que en ambos casos sería ridículo no contemplar el uso de la violencia cuando los pactos entre colonos con las élites locales no fructificasen y fuese necesario el uso militar, cosa que se le olvida comentar a los historiadores, pintando a estas colonias como unas relaciones armoniosas y totalmente pacíficas con los indígenas locales. En todo caso, estas diferencias sobre las colonias en la época esclavista ya dan a entender la complejidad intrínseca del colonialismo en una misma época y en un mismo sistema económico, imagínese el lector, que patético sería como hacen algunos, pretender decir que el colonialismo siempre ha sido igual en todas las épocas. 

Si nos retrotraemos ya hasta la época capitalista el colonialismo no solamente se dio como consecuencia de las aspiraciones supremacistas de una burguesía de tipo nacionalista que deseaba «dominar el mundo» bajo distintas teorías raciales legitimadoras, ni tan solo por las posiciones estratégico-militar ventajosas de las zonas conquistadas, sino que al estudiar este fenómeno debe acentuarse el factor económico del nuevo sistema.